Maria Teresa Aláez García

EGOTONTISMO

EGOTONTISMO.

 

Por una vez y sin que sirva de precedente, voy a hablar de mí.

 

Aunque parezca que hablo de mí en todos los textos, no lo hago.

 

Personalizo en mi lo que veo en los demás. Escucho, siento, capto sensaciones, sentimientos, emociones y entonces lo coloco en los textos como si fueran míos.  Pero no lo son en la gran mayoría de los casos.

 

He visto gran cantidad de lectura de mis textos. GRACIAS, MUCHAS GRACIAS, MIL GRACIAS.  No me merezco en realidad tal atención - y con esto no pretendo ni ser ingrata ni ser desagradecida – pero por la razón de que yo sé que no escribo bien. Al menos por el momento. Ni me considero escritora ni poeta ni escritora ni nada semejante. ¡¡Ojalá!! Pero estoy estudiando mucho y debo de practicar lo que estudio en los talleres para poder al menos hacer algo que pueda merecer la pena por los demás. Aunque sea sólo un pequeño libro o un escrito o un poema. Algo que pueda ayudar a crecer, a orientar, a ser feliz a la gente. Estudio redacción, gramática, ortografía, sintaxis, en varios idiomas: español, catalán, francés, inglés, italiano – hasta aquí, ya es bastante -. Luego añadiré el ruso y el alemán y ya me meteré con otros idiomas.

 

De hecho a partir de este escrito, todos los demás serán temáticos y el vocabulario se centrará en un aspecto concreto, al igual que iré repasando los anteriores para colocar correctamente dicho vocabulario: por ejemplo, la subida al Puig Campana la reorganizaré con mi caduco lenguaje de alpinista y la visita a la Cueva del Agua con el lenguaje de los espeleólogos y los senderistas.  Etc… Así que estos mensajes y los posteriores estarán dedicados a la ampliación de vocabulario, a la corrección de sintagmas y al uso de sinónimos a la par que al estudio de distintos gremios: laborales, recreativos, musicales, etc…

 

Soy una persona inquieta. Demasiado. Soy inquieta y desorbitada. Ciertamente.

 

Me ha gustado siempre leer muchísimo y estar metida en mi mundo por razones que no vienen ahora al caso.

 

Soy rara, rarísima.

 

Ni siquiera podría dar una correcta definición de mí misma. Al intentarlo, salió la “horrorosa muñeca rusa” y ni aún ahí pude concretar lo que llevo dentro de mí y fuera de mí.

 

Me gusta estudiar. Me encanta. Por eso Dios ahora me favorece quitándome la memoria. Así lo que estudio no lo recuerdo hasta cinco años después. Sabiéndolo, empiezo a estudiar cinco años antes lo que pretendo que salga cinco años después. Claro, me quedo siempre retrasada.

 

Como podrán ver, me encanta bromear, sobre todo sobre mí misma. El buen humor y la alegría no son siempre bien vistos. En mi entorno, esto se tacha de cinismo. Para mí no es cinismo: es simplemente que estoy harta, hartísima, de vivir amargadita metida en mis problemas – que son un montón – y andar todo el santo día pensando lo desgraciada que soy, lo infeliz que soy. “¡¡Qué lástima que no sea rica, guapa y salga en la tele!!”. Nunca he sido ni rica ni guapa pero salir en la tele, sí, he salido un buen montón de veces, a mi pesar.  Y como ya peso demasiado – mido 172 y peso 120 kg y no hay manera de bajarlos, la tiroides dice NO y yo digo SI y la tiroides entonces se “Ajunta” (concilia, toma partido, amiga)  con mi útero y mi endometrio y cuando me voy a la bicicleta estática o bailo o hago ejercicio, tengo una fuertísima hemorragia y debo acudir al hospital a que me hagan una transfusión de sangre; pero yo sigo y sigo en mis trece de adelgazar como las pilas “Duracell” y a ver quién puede más, pues o cambio mi metabolismo o él me lleva a la tumba y de algo me tengo que morir – pues eso, como ya peso demasiado, no quiero llevar también el peso de toda la depresión, de mis problemas y de mis errores y de mis malas andanzas y de mi desasosiego. Ya sé lo que son mis problemas y los problemas de los demás y los problemas del mundo. Sé que necesitan una solución y se la doy cuando puedo y me lo permiten y si no pues “ajo y agua” que dicen por ahí, a joderse y  a aguantarse,  porque la vida es así de cruel, dura y desagradecida. Sé cómo es la vida pero sé que todo está compensado y que ha de haber una parte buena y de algún modo la he de sacar. El no, lo bárbaro, brutal, espantoso y cruel, lo ingrato, desagradecido, lo irónico, lo traicionero, ya lo tengo. Ahora voy a por lo optimista, creativo, sugerente, bonito, lírico aunque parezca tonto, infantil o inocente pero como en esta vida existe lo tonto, infantil e  inocente, creo que hay que mantenerlo porque también tiene derecho a la existencia. Las flores y las plantas son inocentes y realizan las funciones más importantes para nosotros, filtrando el aire que nosotros debemos respirar. Quizás los elementos de nuestro planeta que más sufren nuestro salvajismo que son la gente pobre y / o humilde, las plantas, los animales y los niños, son las causas más importantes que requieren urgentemente nuestra atención y que mantienen y conservarán vivo nuestra herencia natural. A las personas que cuidan animales, que mantienen esos jardines y esas plantas tan bellas porque tienen un don especial, que se preocupan por los necesitados, que acuden a los países pobres a realizar tareas anónimas y que en nuestros países van hacia quienes más lo necesitan, enfermos, inválidos, ancianos, pobres, personas extranjeras necesitadas, las admiro seriamente y me imponen muchísimo respeto. Las personas con posibles que solamente se divierten a su capricho y sin necesidad, humillando a los demás sin tener por qué, que siendo ricos no ayudan a quien lo necesita y se gastan el dinero tontamente y quienes buscan solamente ser ricos y cresos para que todo el mundo vea lo muchísimo que tienen y salen en la tele para que todos vean lo guapos que son y lo bien que visten, y quienes hacen la pelota a estas personas y les dan la razón para conseguir poder, dinero y ser frívolos y vanidosos y crueles, lo siento pero para nada tienen mi admiración ni mi aprecio.  Yo no he podido NUNCA hacer la pelota a estas personas. Como mucho  tratarlas con educación pero a distancia.  En lugar de quinientos metros, mil o diez mil kilómetros. Ahora: hay personas que usan esta máscara porque las personas que son así no las tratan bien y necesitan camuflarse para hacer negocios o a saber qué pero que luego se vuelcan con los que lo necesitan y saben dar la cara en su momento. No es que esto me guste mucho. Ellos lo llaman “estrategia” y yo lo llamo “manipulación y mentira”. Pero en fin, qué se le va a hacer y esto lo hemos usado todos en mayor o menor medida.  Yo les hablo pero no puedo confiar en ellos desgraciadamente aunque si les apoyo en sus medidas solidarias. Después… hay que callarse.

 

Antes escribía cosas bonitas. Como esos paseos que pongo por ahí o paisajes. Pero eso antes, de jovencilla, cuando iba al colegio o al instituto. Entonces, la gente esa que dice que soy una cínica, se reía de lo que escribía, me llamaban ñoña, estúpida y tonta – cosa que ya tenía más que asumida – y me decían que no valía para nada. Mi madre lo quiso arreglar intentando meterme monja del Cister pero me temo que quizás me vieron tan fea que no me quisieron, no fuera a ser que el Divino Hacedor no les concediera gracias, huyendo del horror de ver mi tremenda faz.  Yo lo guardé todo. Lo escrito, digo.  Más tarde me fui dando cuenta de que lo que no le gustaba a esta gente que me llamaba cínica  – casi toda integrada entre mi familia de sangre – les gustaba a los demás y me pedían que les escribiera. Les regalaba cosas: poesías, relatos, etc…Como ocurre a todo el mundo, en un buen entorno – no hace falta ser guapo ni tener buen tipo ni nada de eso, sólo intentar ver el punto positivo y dar mucho cariño – pues salía lo mejor. Y lo que me pude reír en el instituto formando un grupo de teatro para hacer una obra satírica imitando al Don Juan Tenorio y usando una batidora antigua como espada. O cuando iba de coral en coral y tiro por que me toca por que me lo pasaba bien y  - todo hay que decirlo – me dejaban faltar a clase. O si no, cuando nos poníamos mi grupo de amigas y yo a hacer punto y a pintarnos las uñas en clase. En fin, he hecho mil y una diabluras a pesar de los pesares de los familiares que me llamaban cínica. Eso sí, iba a pasármelo “bomba”.

 

Además de estudiar idiomas, me gusta la arquitectura, me gustan todas las artes – música, pintura, danza, cine, fotografía, escultura, etc..– y tuve ocasión, hasta que me casé, de hacer de todo este tipo de cosas. Tiro más hacia el arte y las letras aunque de ciencias me gustan mucho la biología, la física, la química sobre todo. Además se me nota. Y las lenguas. Pero hay una pequeña pega…

 

ODIO LAS MATEMÁTICAS.

 

Con todo mi corazón, mi mente y mi orondo cuerpo. No puedo con ellas. Y no por que no sepa matemáticas que sí las sé y si me pongo a estudiar con empeño, las aprendo. Pero es que no puedo entender que se quiera meter el mundo entre números y eso que los intervalos son infinitos. Ya estoy en ello y tengo buenos amigos y amigas que me ayudan pero es que… para aprobar las de B.U.P. me aprendí de memoria un cuaderno que me hice con mil y un problemas, con sus variantes. De memoria, no digo más, para que de este modo si salía alguno en el examen… tenía el recurso para saber y poder resolverlo y sólo tener que cambiar las cifras. Claro que aprobé. No di ni derivadas ni integrales. Dentro de la subnormalidad en la que se me había encuadrado ya era bastante lo sabido. Ya habiendo aprobado las matemáticas tuve el honor y gran placer y para mis profesores gran motivo de asesinarme – aparentemente, no ipso facto, es un decir, un modo de hablar - , de un día posterior a dicho examen, hacerles un feo dándoles a entender que quizás mi problema con las matemáticas es que en lugar de hacer cien problemas para entenderlas, como hacen los demás, necesito mil y acudir a clase presencial, para que de repente se me ilumine la mente para aprender otros aspectos de la materia. Tras el examen y un año de acudir a clases fuera de horario en el mismo instituto, habiéndolo aprobado y habiendo solicitado la presencia ante mi profesor de física, el de matemáticas – ambos dos, sufridas y muy buenas personas – y el por entonces jefe de seminario y director del instituto, para decirme que mejor no cogiera carreras de ciencias visto lo visto,  vino a preguntar una chica de C.O.U. por las derivadas. Cogí el libro, las mire un poquillo y se las expliqué allí delante, sin dejar hablar a los susodichos. Me salió del alma pero no lo hice con maldad sino con inocencia, además para evitarle a la pobre una buena bronca dado que ya me la iban a echar a mí. Fue un puro acto de supervivencia escolar: los alumnos se protegen entre ellos. Bueno, de repente yo sólo vi tres caras muy serias que parecían reflejar un mensaje  que quería decir: “te vamos a asesinar en masa”. Pero no por haber hecho mal la explicación, no.  Es que yo era fea, ya lo dije ¿no?. Y encima tonta porque cuando me preguntaron – o exclamaron con cara de sorpresa -  “¡por qué!” refiriéndose, imagino, a que por qué no me salían los intervalos que tienden a cero y buscaba en dónde la función tal se hacía cero y en cambio en dos minutos me aprendía las derivadas, yo creía que me decían que por qué no iba a ciencias y les dije: “porque donde vayan las matemáticas, para mi hay un cartel de “PROHIBIDO”; así que me voy a letras.”

 

Eso hice. Irme a letras. A Criminología, donde se estudiaba estadística. A Magisterio donde hay una hermosa didáctica de las matemáticas. Y a Arquitectura donde no se estudian matemáticas, nooooo.  Pero en fin es que la vida da muchas sorpresas. Al final en la tercera vida a la derecha, en algún universo de por ahí perdido, estudiaré exactas. A lo mejor  ese era el sentido de mi vida. ¡¡¡AAAAAAAAHHHHHH!!!

 

Bien. Gorda no he sido siempre. Sólo desde hace nueve años. Desde que nació mi hijo. Me dieron a elegir. Primero,  la opción era que no podía tener hijos. Pesé entre 50-60 kg hasta mi operación en 1994 donde me salvé de un buen tumor y ahí engordé por los efectos secundarios de las pastillas y por obligación hasta los 70. No más. De hecho comencé a no comer y a segur con la gimnasia para bajar. (400 abdominales diarios, aunque el Aznar ya me he enterado de que hace más, imagino que más rápido. Estará una hora haciendo abdominales).  Cuando ya por fin me casé y preparé para tenerlos, a los hijos, - de hecho, en el embarazo, la comadrona, con dos dedos de frente, me hacia perder peso a mi pero ganarlo el bebé y así que no me quedara gruesa -  los ginecólogos, en concreto uno, dijo que en un embarazo no se podía perder peso y que por otro lado corría riesgo de que saliera Síndrome de Down. Así que a elegir. O me quedaba fea y con un Síndrome de Down o guapa y abortaba. Y soy católica y como buena tonta, elegí la primera opción. Me quedé fea pero me ha nacido un ángel listísimo y no me arrepiento. Que se arrepientan los demás de pensar mal de mí porque sin saber el por qué de las cosas me critican.  Así tienen el corazón y la cabeza, je.

 

Bueno. Sigo diciendo que estoy agradecida por leerme.

 

Verán ustedes.

 

Estoy aprendiendo también cierto modo singular de escribir mis historias.

 

Entonces mis historias, mis poemas, mis letras no se han de leer forzadamente y menos por quien no está acostumbrado a leer.

 

Es decir: ustedes empiezan a leer y se cansan. Dejen el texto. Pasen a otro, cojan un buen libro de un autor consagrado, escuchen música a oscuras y/o en un lugar tranquilo, salgan de paseo, hagan ejercicio y disfruten de la naturaleza o vayan con sus esposas, sus maridos o sus hijos y denles todo el afecto del mundo. Yo haría esto último, de hecho. Pero no me lean porque sí, porque no es positivo. La buena energía que intento introducir en mis historias – incluso en las que parecen que son negativas y horribles – no surtirá efecto si ustedes leen forzada y forzosamente. Es lo peor que pueden hacer.

 

Lo que sí pueden hacer es, si tienen ganas de leerme, acudir al índice que sale cuando pulsan mi nombre por ahí abajo y entonces, al primer golpe de vista, leer una sola cosa. No se preocupen aunque sea repetida. Léanla de nuevo. Verán que encontrarán algo distinto de la vez anterior que lo leyeron. O si lo leen por primera vez, mucho mejor. La historia, el poema, les dará algo que ustedes necesiten. Para eso están preparados. También son raros.

 

Y si no tienen ganas pues no lean. Si cosas hay muchas para hacer. Tengan cuidado con la adición al ordenador y al chat que es fatal. 

 

Lo que no les perdonaré es que se pongan a jugar a la consola y al ordenador y no me lean.

 

ODIO LAS CONSOLAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAASSSSS.

 

Cuánto odio, por Dios. Qué va. Si luego soy yo la primera que se pone a jugar al “Diablo”, al “Age of Empires”, a los “Sims”, al “Tales of the bard” ese o al “Buscaminas” o a los solitarios de cartas que me encantan.

 

Las cartas siempre me han llamado la atención.  Mi prima la mayor también comparte esta afición conmigo. Las cartas de la baraja. Las otras también, las epistolares, me gustan, escribirlas y leerlas. Pero las cartas de la baraja – no el juego – el barajarlas- mi padre barajaba muy bien y nos enseñó varias maneras muy chulas de las cuales sólo recuerdo una , que a mi edad las manos fallan, cof, cof – y las del tarot y todo lo concerniente a estos temas. Aprendí a jugar al póker, a la canasta, a los juegos menores y mayores de cartas pero, cosa rara, no me gusta ir a un casino ni a un bingo. Sólo a mirar y tomar una copa pero no me llama ni apostar ni gastarme el dinero tontamente. No nací para ludópata. De hecho sólo he ido a un casino una vez en mi vida y no he vuelto porque no me gusta, no me llama y considero, la verdad, una pérdida de tiempo y dinero eso habiendo tanta gente muriéndose de hambre y teniendo tantos problemas. Ver el dinero que corre ahí es… en fin, me ganaré la antipatía de los dueños de casino. Ver, admirar y contemplar los edificios y las exposiciones de los casinos; algunos son muy bonitos, sobre todo los decorados  Art Decó y  acudir a ver una actuación está bien y a tomar una copa y a cenar. Jugar también se puede hacer en casa. Yo tengo – conservo – una amiga de mi juventud – con la cual hice punto y me pinté las uñas en clase - bueno y a las otras también, éramos cinco  en el grupo – a casa de la cual me iba a jugar al chinchón. Cogíamos el anís llamado “Chinchón” por cierto y jugábamos con unos vasitos de anís. Luego no sé cómo llegaba yo sana y salva a mi casa pero llegaba. Menos mal que los ensayos de otra de las corales quedaban por el camino…

Nada, que me tomaba solo dos chupitos. A ver si iban a creer que me emborrachaba. Esa la borrachera que conté por ahí. Esa fue la última y esa fue una buena y bien pensada borrachera.  Esa sí fue mía.

 

Cuando salgo a la calle, capto todo. Todos lo hacemos pero no somos totalmente conscientes de lo que captamos. Una sufrida profesora de filosofía llamada Gloria, entre la bufanda y el jersey que me tejí para irme a Suiza, además de enseñarme lo de Barbara, Celarent, Darii, Ferio, nos enseñó umbrales de percepción. El mínimo y el máximo. Y con ello quedé intrigada de por vida. Así que me dedicaba a ver si podía ampliar mis umbrales. Y parece ser que lo consigo. Los umbrales son los puntos donde podemos percibir mínima o máximamente, la realidad. Por ejemplo, mi umbral mínimo en cuando al oído lo estoy perdiendo porque cada vez oigo menos pero los perros tienen un umbral mínimo mayor que el  de los humanos porque escuchan ultrasonidos. Y el umbral máximo viene por ejemplo, en una sala iluminada totalmente, el no poder percibir cuántas bombillas más pueden encenderse porque ya tenemos toda la luz que necesitamos.  Se trata entonces de intentar ampliar esos umbrales y hacer que los sentidos se abran. Cómo: conscientemente observando mucho y preguntando y dilucidando y abriendo capacidades y entrenando convenientemente la vista, el oído etc.. Por ejemplo, un ejercicio fácil es ser capaz de distinguir los instrumentos de una orquesta. Eso lo hemos escuchado mil veces. Pues eso.  Yo ahora sólo capto los violines y timbales y lo demás lo confundo todo.

 

El comportamiento es un espejo en el  que cada uno muestra su imagen. Goethe.

 

Esta frase que acabo de leer puede ser o una gran mentira o una gran verdad.

 

El comportamiento mostrará la imagen que nosotros queramos mostrar, no la verdadera. Si mentimos, mostraremos esa mentira. No mostramos una imagen sui generis que se detecte bajo otros comportamientos. Mostraremos aquel que nosotros deseemos mostrar. Esto puede tomarse como una mentira o como una necesidad.  Yo puedo mostrarme auténtica y ser yo misma y eso tomarse como algo cruel o causar envidia. Mientras que si miro primero cómo se comportan los demás y actúo en consecuencia, estaré acondicionándome a la sociedad.

 

Yo puedo estar muy interesada en algo o en alguien y en lugar de mostrar mi afecto y mi apego, mostrarme distante o incluso negar mi relación con esa persona o ese objeto y puedo inventar hasta una historia para que no se me relacione con dicho objeto o persona por el bien del objeto o persona, para separarme de ella porque no le conviene ni mi presencia ni mi compañía ni mi cercanía, a mi pesar. (Renuncia). Esto puede dar la imagen que espero, de no apego a la cosa para autoconvencerse de que es más conveniente que se manipule o actúe de otro modo y para otros puede ser una gran mentira o darles asco.

 

Vean  cómo de una simple frase puede salir todo un párrafo. O un libro. La cuestión es ser creativo y darle vueltas.

 

La verdad es que no recuerdo a qué venia a cuento.

 

Muchas gracias de nuevo y quien no quiera que no me lea. Todos somos libres y nadie está obligado, la verdad. La verdad siempre adelante, adiós a la mentira que yo también odio.

Por cierto…

 

Otra afición que tengo en cuanto al deporte – tenis aunque hace años que no practico, natación y sobre todo inmersión libre que me encanta aunque ahora ya no puedo y espeleología y alpinismo – es eso, meterme en las cuevas a buscar minerales o quedarme un rato allí disfrutando de los sonidos de la tierra. Cosa rara, ¿verdad? Los sonidos de la tierra. No, no digo nada raro y gracias a una amiga muy muy culta y majísima, Verónica, descubrí los sonidos de la tierra en las grabaciones de unos aborígenes australianos que usan estos sonidos en sus bailes y sus cánticos. Pues… ¿se escucha algo con la tierra? Sí señor, claro que sí. Un murmullo, pasos, de todo.

 

El cine: todo  a partir de los años cincuenta del siglo XX, pero en blanco y negro y versión original a ser posible. Europeas, japonesas y chinas que son geniales, alguna que otra africana y  ya desde entonces también algunas occidentales.  En blanco y negro siempre me han gustado: históricas, detectivescas, etc…

 

En fin. Les tengo que dejar. Haré de esto una pequeña biografía y esto que sea la primera parte, así seguiré dándoles el rollo. NO, al final me lo he pensado mejor y no, no les torturaré con biografías mías. Son lamentables.

 

Si hay alguien que piense que esto son comeduras de coco de gusano larguísimas o que escribo demasiado, que haga el gran favor de no leerme. A mí y a ellos. Y a quienes cojan porciones de mis textos para reírse, que tengan cuidado no vaya a ser que eso sea algo que me contó su novia o esposa, su madre y su hermana y vea reflejada su vida entera… Que todo el contenido que coloco no es mi vida, todo lo redactado  que pongo ahí.

 

¿Cómo lo hago? Cojo una situación o sentimiento y la hago mía. Si veo a Gary Cooper, o a Il Divo o a saber quién, o una escena de película o un suceso que he leído. Hasta una pequeña mancha. Si alguien me cuenta algo, lo coloco hecho historia.  Y luego le pongo los vídeos para acompañar el texto que los iré quitando si es preciso. Hay situaciones que son mías. Pero otras no. Por ejemplo, hay algunas que son respuestas a unas formulaciones que se ponían en una comunidad como el “ayer” o los ·”adioses”. En otros hago estudio de vocabulario. El poema “mi gruta” no tiene por ejemplo ninguna palabra repetida.  También hago estudios de sintagmas. Ortografía, gramática, etc… hasta que por fin ve la luz el texto.

 

Bien, si necesitan saber algo más, por ahí abajo tienen mi email.

 

Gracias a quienes me han dejado comentarios. He de responderles. Vielen dank, Danke schön, Grazie tante o grazie mille, si es que no tengo tiempo de hacer nada, Merci Beaucoup, Thank You.

 

Saludos y hasta más ver…

 

GRACIAS, MUCHÍSIMAS Y REALES GRACIAS.

 

Ah. En el poema del café del nogal he puesto un video que me hicieron para adornar ese poema. Gracias.

 

 

All rights belong to its author. It was published on e-Stories.org by demand of Maria Teresa Aláez García.
Published on e-Stories.org on 07.10.2008.

 

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